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05 septiembre, 2015

"La mayor parte de los hombres no quieren nadar antes de saber"

Vea: "La mayor parte de los hombres no quieren nadar antes de saber". ¿No es esto espiritual? ¡No quieren nadar, naturalmente! Han nacido para la tierra, no para el agua. Y, naturalmente, no quieren pensar; como que han sido creados para la vida, ¡no para pensar! Claro, y el que piensa, el que hace del pensar lo principal, ése podrá acaso llegar muy lejos en esto; pero ése precisamente ha confundido la tierra con el agua, y un día u otro se ahogará.

Herman Hesse
El lobo estepario.

14 julio, 2014

Caballo blanco no es caballo

- "¿Un caballo blanco no es un caballo" es lógicamente admisible?
- Sí.
- ¿De qué manera?
- "Caballo" es lo que nos permite nombrar la forma, "blanco" es lo que nos permite nombrar el color. Nombrar el color no es nombrar la forma. Por eso digo: "Caballo blanco no es caballo". (...)
- Objeción: Consideráis que un caballo que tiene un color no es un caballo. Sin embargo, en el universo entero no hay caballos sin color. ¿Puede admitirse que no haya caballos en el universo?
- Respuesta: Ciertamente, los caballos tienen color, por eso hay caballos blancos. Suponiendo que los caballos no tuvieran color y que sólo hubiera caballos a secas, ¿cómo se distinguiría un caballo blanco? Así, el blanco no es el caballo. "Caballo blanco" es la combinación de "caballo" y de "blanco". Por eso digo: "Caballo blanco no es caballo".

Cheng, A. 2002. Historia del pensamiento chino
Capítulo V: Discurso y lógica en los Reinos Combatientes.
Barcelona: Edicions Bellaterra. Pg 134.

15 junio, 2014

Lo que uno anhela

Cuando la buena fortuna favorece a los hombres con riquezas y honores, su vida se torna abundante. Pero la vida abundante les vuelve arrogantes, y su arrogancia les induce a cometer delitos y a no actuar conforme a la lógica de las cosas, delitos que traen consigo penas capitales y abandono de la lógica de las cosas que les lleva a errar en la vida. Y puesto que a esto, es decir, a padecer la calamidad de una vida carente de buena fama y de una muerte violenta, es a lo que Lao Zi llama desgracia, se sigue que la felicidad es el origen de las desgracias. De ahí su frase: "la desgracia en la felicidad se esconde".

Nada hay inalcanzable para quien actúa conforme a la lógica de las cosas. Si nada hay inalcanzable, tan alcanzable será para quienes actúen conforme a la lógica de las cosas el respeto y el poder de los monarcas como el sueldo y la gloria de grandes generales, como Qing y Xiang. Pero de nada les serviría ser tan poderosos como un monarca ni ser tan respetados como un gobernador a quienes actúan a ciegas y en disconformidad con la lógica de las cosas; éstos no solo jamás conseguirán grandes riquezas, como las que poseen algunos magos como Yi Dun y Tao Zhu, sino que también perderán el apoyo del pueblo y sus bienes. ¿Por qué, entonces, es precisamente esto lo que hace el pueblo llano?, ¿por qué abandona tan fácilmente la lógica de las cosas y actúa a ciegas? Porque desconoce que las razones de la intermutabilidad de la felicidad y la desgracia son tan profundas y ocultas como acabamos de ver. A esto se refiere Lao Zi cuando se pregunta así acerca de dicha intermutabilidad de la desgracia y la felicidad: "¿quién conoce el porqué?".

No hay quien no anhele vivir una vida larga, repleta de riquezas y de honra, y morir en paz: igualmente, no hay quien no aborrezca las desgracias de ser pobre, de estar deshonrado y de tener una muerte violenta. ¿Por qué, pues, hay quienes, anhelando tener una vida larga, repleta de riquezas y honra, y una muerte natural, son pobres, están deshonrados y tienen muertes violentas? Porque son incapaces de conseguir lo que anhelan. A los que, alejados del camino que en verdad desean seguir, van confusamente, se les llama extraviados en el libro de Lao Zi. Puesto que estar extraviado significa no poder arribar donde se desea arribar ni conseguir lo que se anhela, y puesto que el pueblo llano de hoy es incapaz de arribar donde desea arribar, se puede decir de él que está extraviado. Pero esta incapacidad suya para arribar donde anhela arribar es algo que viene ocurriendo desde que hay Cielo y Tierra; de ahí que Lao Zi afirme: "la confusión en que el hombre vive es muy antigua".


Han, Fei Zi. El arte de la política: los hombres y la ley.
Capítulo 20: Interpretación de Lao Zi, 68-69
Trans. Ning Yao and Gabriel García-Noblejas Sánchez-Cendal
Madrid: Tecnos, 1998.

28 noviembre, 2013

Hombre y lenguaje

Hay una definición clásica propuesta por Aristóteles según la cual el hombre es un ser vivo dotado de logos. Esta definición se ha conservado en la tradición occidental bajo esta fórmula: el hombre es el animal rationale, el ser vivo racional, es decir, que difiere del resto de los animales por su capacidad de pensar. Se tradujo la palabra griega logos por razón o pensamiento. Pero esa palabra significa también, y preferentemente, lenguaje. Aristóteles establece, en un pasaje, la diferencia entre el animal y el hombre: los animales tienen la posibilidad de entenderse entre sí mostrándose recíprocamente lo que les causa placer, para buscarlo, y lo que les produce dolor, para evitarlo. La naturaleza no les ha dado más. Sólo los seres humanos poseen, además, el logos que los capacita para informarse mutuamente sobre lo que es útil y lo que es dañino, y también lo que es justo y lo que es injusto. Se trata de un texto de un profundo contenido. El saber lo que es útil o nocivo no es deseable en sí, sino en referencia a otra cosa que aún no existe, pero le sirve a uno para ejercer su actividad. Se establece, pues, aquí como nota característica del hombre una superioridad sobre lo actual, un sentido de futuro. Y Aristóteles añade inmediatamente que así le es dado también al hombre el sentido de lo justo y lo injusto... y todo ello, porque el hombre es el único poseedor del logos. Puede pensar y puede hablar. Puede hablar, es decir, hacer patente lo no actual mediante su lenguaje, de forma que también otro lo pueda ver. Puede comunicar todo lo que piensa; y lo que es más, gracias a esa capacidad de comunicarse las personas pueden pensar lo común, tener conceptos comunes, sobre todo aquellos conceptos que posibilitan la convivencia de los hombres sin asesinatos ni homicidios, en forma de vida social, de una constitución política, de una vida económica articulada en la división del trabajo. Todo esto va implícito en el simple enunciado de que el hombre es el ser vivo dotado de lenguaje.

[...] El pensamiento sobre el lenguaje queda siempre involucrado en el lenguaje mismo. Sólo podemos pensar dentro del lenguaje, y esta inserción de nuestro pensamiento en el lenguaje es el enigma más profundo que el lenguaje propone al pensamiento.

El lenguaje no es un medio más que la conciencia utiliza para comunicarse con el mundo. No es un tercer instrumento al lado del signo y la herramienta que pertenecen también a la definición esencial del hombre. El lenguaje no es un medio ni una herramienta. Porque la herramienta implica esencialmente que dominamos su uso, es decir, la tomamos en la mano y la dejamos una vez que ha ejecutado su servicio. No ocurre lo mismo cuando tomamos en la boca las palabras de un idioma y las dejamos después de su uso en el vocabulario general que tenemos a nuestra disposición. Esa analogía es errónea porque nunca nos encontramos ante el mundo como una conciencia que, en un estado a-lingüístico, utiliza la herramienta del consenso. El conocimiento de nosotros mismos y del mundo implica siempre el lenguaje, el nuestro propio. Crecemos, vamos conociendo el mundo, vamos conociendo a las personas y en definitiva a nosotros mismos a medida que aprendemos a hablar. Aprender a hablar no significa utilizar un instrumento ya existente para clasificar ese mundo familiar y conocido, sino que significa la adquisición de la familiaridad y conocimiento del mundo mismo tal y como nos sale al encuentro.

Es un proceso enigmático y profundamente oculto. Es un verdadero prodigio que un niño pronuncie una palabra, una primera palabra. Fue una insensatez el intento de descubrir el lenguaje primigenio de la humanidad haciendo crecer a los niños totalmente incomunicados de cualquier sonido humano y después, partiendo del primer balbuceo de tipo articulado, atribuir a un lenguaje humano concreto el privilegio de ser la lengua primigenia de la creación. Lo absurdo de tales ideas consiste en el intento de suspender de modo artificial nuestra implicación en el mundo lingüístico en el que vivimos. La verdad es que estamos tan íntimamente insertos en el lenguaje como en el mundo.

Yo encuentro, una vez más, en Aristóteles la descripción más sabia de cómo aprendemos a hablar. En cualquier caso, la descripción aristotélica no se refiere al aprendizaje del habla, sino al pensamiento, a la adquisición de los conceptos generales. ¿Cómo se produce un alto en la fuga de los fenómenos, en la constante sucesión de impresiones cambiantes? Lo que nos permite reconocer algo como idéntico es, sin duda, la capacidad de retención, la memoria, y esto supone una gran labor de abstracción. En la fuga de unos fenómenos cambiantes vemos de vez en cuando un elemento común, y con los reconocimientos que se acumulan lentamente y que llamamos experiencias se realiza la unidad de la experiencia. Pero ésta permite utilizar lo así conocido como un saber general. Ahora bien, Aristóteles pregunta cómo se puede producir realmente este conocimiento de lo general. No desde luego de forma que transcurra un fenómeno tras otro y de pronto, en un punto concreto que reaparece y reconocemos como idéntico, alcancemos el conocimiento de lo general. No es este el punto concreto como tal el que distingue de todos los otros por su misteriosa capacidad de expresar lo general. Ese punto es como todos los otros. Es cierto sin embargo que alguna vez se produce el conocimiento de lo general. ¿Dónde empezó? Aristóteles presenta una imagen ideal: ¿cómo llega a detenerse un ejército que está en fuga? ¿dónde ocurre que empiece a detenerse? Desde luego, no por detenerse el primer soldado, o el segundo, o el tercero. No se puede afirmar que el ejército se haya detenido por haber dejado de huir un determinado números de soldados en fuga. Porque con él no empieza el ejército a detenerse, sino que empezó a hacerlo desde mucho antes. Cómo se inicia el proceso, cómo se propaga, cómo, finalmente, en algún momento, el ejército se detiene, es decir: obedece de nuevo a la unidad de mando, todo ello nadie lo dispone a conciencia, nadie lo controla según un plan, nadie lo certifica cognoscitivamente. Y, sin embargo, indudablemente ha ocurrido. Algo análogo ocurre con el conocimiento de lo general, y es así porque el fenómeno es idéntico al que se produce en la aparición del lenguaje.

En todo nuestro pensar y conocer, estamos ya desde siempre sostenidos por la interpretación lingüística del mundo, cuya asimilación se llama crecimiento, crianza. En este sentido el lenguaje es la verdadera huella de nuestra finitud. Siempre nos sobrepasa. La conciencia del individuo no es el criterio para calibrar su ser. No hay, indudablemente, ninguna conciencia individual en la que exista el lenguaje que ella habla. ¿Cómo existe entonces el lenguaje? Es cierto que no existe sin la conciencia individual; pero tampoco existe en una mera síntesis de muchas conciencias individuales.

Ningún individuo, cuando habla, posee una verdadera conciencia de su lenguaje. Hay situaciones excepcionales en las que se hace consciente l lenguaje en que se habla. Por ejemplo, cuando nos viene a la memoria una palabra en la que nos apoyamos, que suena extraña o ridícula y que hace preguntar: "¿se puede decir así?". Ahí aflora por un momento el lenguaje que hablamos, porque no hace lo suyo. ¿Qué es, pues, lo suyo? Creo que cabe distinguir aquí tres elementos.

El primero es el auto-olvido esencial que corresponde al lenguaje. Su propia estructura, gramática, sintaxis, etc., todo lo que tematiza la ciencia, que queda inconsciente para el lenguaje vivo. Por eso constituye una de las perversiones típicas de lo natural el que la escuela moderna se vea obligada a apoyar la gramática y la sintaxis no ya en una lengua muerta, como el latín, sino en la propia lengua materna. Una enorme labor abstractiva que se exige al que ha de hacer explícitamente consciente la gramática del idioma que domina como lengua materna. El lenguaje real y efectivo desaparece detrás de lo que se dice en él. Hay una experiencia muy curiosa que todos hemos vivido en el aprendizaje de lenguas extranjeras. En los libros de texto o en los cursos de idiomas suele haber unas frases de uso corriente. Su finalidad es hacer consciente al alumno, en un plano abstracto, de un determinado fenómeno lingüístico. En otros tiempos, cuando aún se creía en la tarea de abstracción que representa el aprendizaje de la gramática y la sintaxis de una lengua, solían figurar unas frases tan sublimes como extemporáneas que expresaban algo sobre César o sobre el señor X. La tendencia más reciente de intercalar en tales frases ejemplares noticias interesantes sobre el extranjero tiene el efecto secundario negativo de oscurecer la función ejemplar de la frase en la medida en que el contenido atrae toda la atención. Cuanto más vivo es un acto lingüístico es menos consciente de sí mismo. Así, el auto-olvido del lenguaje tiene como corolario que su verdadero sentido consiste en algo dicho en él y que constituye el mundo común en el que vivimos y al que pertenece también toda la gran cadena de la tradición que llega a nosotros desde la literatura de las lenguas extranjeras muertas o vivas. El verdadero ser del lenguaje es aquello en que nos sumergimos al oírlo: lo dicho.

Un segundo rasgo esencial del ser del lenguaje es, a mi juicio, la ausencia del yo. El que habla un idioma que ningún otro entiende, en realidad no habla. Hablar es hablar a alguien. La palabra ha de ser palabra pertinente, pero esto no significa sólo que yo me represente a mí mismo lo dicho, sino que se lo haga ver al interlocutor.

En este sentido el habla no pertenece a la esfera del yo, sino a la esfera del nosotros. [...] La realidad del habla, como se ha observado desde hace tiempo, consiste en el diálogo. Pero en el diálogo impera siempre un espíritu, malo o bueno, un espíritu de endurecimiento y paralización o un espíritu de comunicación y de intercambio fluido entre el yo y el tú.

[...] En relación con esto aparece el tercer elemento que yo llamaría la universalidad del lenguaje. Este no es ningún ámbito cerrado de lo decible al que se yuxtaponen otros ámbitos de lo indecible, sino que lo envuelve todo. Nada puede sustraerse radicalmente al acto de "decir", porque ya la simple alusión alude a algo. La capacidad de dicción avanza incansablemente con la universalidad de la razón. Por eso el diálogo posee siempre una infinitud interna y no acaba nunca. El diálogo se interrumpe, bien sea porque los interlocutores han dicho bastante o porque no hay nada más que decir. Pero esa interrupción guarda una referencia interna a la reanudación del diálogo.

Hacemos esta experiencia, a veces en forma dolorosa, cuando nos exigen decir algo. La pregunta que debemos contestar -pensemos en el ejemplo extremo del interrogatorio o de la declaración ante tribunal- es como una barrera que se establece contra el espíritu del lenguaje que quiere expresarse y quiere diálogo ("aquí hablo yo", o "responda a mi pregunta"). Lo dicho nunca posee su verdad en sí mismo, sino que remite hacia atrás y hacia adelante, a lo no dicho. Toda declaración está motivada; es decir, cuando se dice algo, es razonable preguntar "¿por qué lo dices?" y sólo si se entiende eso no dicho juntamente con lo dicho es inteligible un enunciado. Esto lo sabemos sobre todo por el fenómeno de la pregunta. Una pregunta cuyo motivo ignoremos no puede encontrar respuesta. Porque sólo la historia de la motivación abre el ámbito desde el cual se puede obtener y dar una respuesta. De ese modo el preguntar y el responder implican en realidad un diálogo interminable en cuyo espacio están la palabra y la respuesta. Lo dicho se encuentra siempre en ese espacio.

Podemos aclararlo con una experiencia común a todos. Me refiero a la traducción y lectura de textos traducidos de lenguas extranjeras. Lo que el traductor tiene ante sí es un texto lingüístico, esto es, algo dicho oralmente o por escrito que ha de verter a su propia lengua. Está atado al texto, pero no puede trasvasar simplemente lo dicho desde el idioma extranjero al propio material lingüístico sin convertirse él mismo en sujeto dicente. Y esto significa que debe ganar para sí el espacio infinito del decir que corresponde a lo dicho en la lengua extranjera. Todos sabemos lo difícil que es eso. Todos sabemos cómo la traducción lamina en cierto modo lo dicho en el idioma extranjero. Se copia superficialmente de suerte que el sentido verbal y la fraseología de la traducción imitan el original, pero la traducción carece en cierto modo de espacio. Le falta esa tercera dimensión que hace crecer en su ámbito de sentido lo dicho originariamente, esto es, en el original.

Se trata de una limitación inevitable de todas las traducciones. Ninguna traducción puede sustituir al original. Y se engaña el que piensa que proyectando a la superficie en la traducción, la idea del original facilita la comprensión, dada la imposibilidad de incluir todo lo que dice el original como trasfondo y entre líneas; si alguien piensa que esta reducción a un sentido simple facilitará la comprensión, está equivocado. Ninguna traducción es tan comprensible como el original. Precisamente el sentido polifacético de lo dicho -y el sentido es siempre sentido direccional- sólo aparece en la originariedad del decir y se esfuma en la repetición e imitación. Por eso la misión del traductor debe ser siempre, no precisamente reproducir los dicho, sino orientarse en dirección a lo dicho, hacia su sentido, para transferir lo que ha de decir a la dirección de su propio decir. Esto aparece claro sobre todo en aquellas traducciones destinadas a permitir un diálogo oral mediante la interconexión de los intérpretes. Un intérprete que se limita a reproducir las palabras y frases pronunciadas por uno en la otra lengua hace incomprensible el diálogo. Lo que debe reproducir no el lo dicho en su literalidad, sino aquello que el otro quiso decir y dijo callando muchas cosas. Lo limitado de su versión debe también ganar el espacio que hace posible el diálogo: la infinitud interna que corresponde siempre al consenso.

El lenguaje es así el verdadero centro del ser humano si se contempla en el ámbito que sólo él llena: el ámbito de la convivencia humana, el ámbito del entendimiento, del consenso siempre mayor, que es tan imprescindible para la vida humana como el aire que respiramos. El hombre es realmente, como dijo Aristóteles, el ser dotado de lenguaje. Todo lo humano debemos hacerlo pasar por el lenguaje.


Gadamer, Verdad y Método.
Hombre y lenguaje (1965)

20 diciembre, 2010

Judith Butler, philosophe en tout genre.

Judith Butler (née en 1956, Cleveland, Ohio), philosophe américaine, mène depuis plus de vingt ans une réflexion critique sur l’identité sexuelle. La pensée de la philosophe est ennemie des normes et des stéréotypes.

Voici huit extraits composant l’intégralité du documentaire que Paule Zajdermann réalisa en 2006 : « Judith Butler, philosophe en tout genre », diffusé sur Arte. Le documentaire met en scène Judith Butler à travers sa biographie mais aussi sur les lieux qu’elle investit : le campus de l’université de Californie à Berkeley où elle enseigne, le musée du Jeu de Paume à Paris où elle découvre l’exposition de la photographe américaine Cindy Sherman, une librairie parisienne où elle expose ses théories et dédicace ses ouvrages.

Son livre majeur « Trouble dans le genre », Editions La Découverte, fut traduit en France en 2005, seize ans après sa parution aux Etats-Unis.

Remarque sémantique :
En anglais, « gender » a deux significations : 1) En grammaire : genre masculin ou féminin ; 2) le sexe : « the male/female gender », le sexe masculin/féminin.
En français, « genre » vient du latin « genus, generis » : origine, naissance. En grammaire, le genre est la catégorie exprimant parfois l’appartenance au sexe masculin, au sexe féminin ou aux choses (neutre).
Pour qualifier le sexe, masculin ou féminin, la langue française n’utilise pas le terme « genre » mais bien celui de « sexe ».  


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08 noviembre, 2010

Gòrgies de Leontini: Característiques principals de la seva filosofia.

Gòrgies va néixer a Leontini, Sicília, aproximadament cap a l’any 485 a.C. i
va morir a Tesalia, l’any 380 a.C. Era un sofista, discípul de Empèdocles i influenciat
especialment pels eleàtics, era reconegut especialment per la seva gran capacitat oratòria
i el seu altíssim nivell de retòrica, la tècnica de la persuasió. Va viatjar molt al llarg
de la seva vida i va ensenyar i practicar la seva retòrica per Grècia. Se li atribueixen
diversos escrits: Discursos, Arte Oratoria, Epitafi, Elogi d’Helena, Sobre el no ser o de
la Natura i Defensa de Palamedes.

La seva filosofia es centrava bàsicament en dos grans temes: el problema de
l’ésser i la virtut. Especialment a la seva obra Sobre el no ser o de la Natura podem
veure el seu radical escepticisme. Es poden extreure tres clares tesis fundamentals.

En primer lloc, que res és o res existeix. Gòrgies creia que no era possible
l’existència de res basant-se en que les coses han de ser eternes o no eternes. En el cas
de que fossin eternes, significaria que no tindrien ni principi ni fi, i per tant són infinites.
És doncs a causa d’això que no les podem situar a cap lloc concret, ja que tampoc
no és en si ni en cap altre ésser. Si per contra prenem les coses que no són eternes,
veurem que aquestes a diferència de les anteriors, si que tenen un principi, un origen,
característic precisament per provenir del no-res. Per tant, abans del seu origen, no era
res. No existia. Per tant, l’ésser, ja sigui etern o no, no existeix.

Ja hipotèticament, l’autor ens explica que si es dongués el cas de que alguna
cosa existís seria incognoscible, no es podria ni tan sols pensar. La demostració a la
seva tesis la extreu de que tenim la capacitat de pensar en el no-ésser. L’error existeix,
podem pensar coses tan vertaderes com falses. Per tant, tenim tant la capacitat de pensar
en coses que existeixen així com en coses que no existeixen, així com hi ha coses que
les podem pensar i no existeixen, hi ha coses que existeixen i no les podem pensar. En
conseqüència, el ser i el pensar són diferents i que per tant, si allò pensat no és existent,
tampoc allò existent pot ser pensat.

Si fins i tot trobéssim la oportunitat de pensar coses existents, continua el
sofista, seria incomunicable allò cognoscible per l’home. Això es deu al problema de
la comunicació. Aquest radica en que el llenguatge no està preparat per a explicar la
realitat tal qual la coneix cadascú. El defecte del llenguatge és que aquest no comporta
l’essència de les coses, sinó que es basa en paraules. La relació entre la paraula i la
realitat en quant al seu significat és errònia ja que no és possible amb paraules descriure
allò que realment són les coses per a cada individu, no pot entrar per les oïdes allò que
entra pels ulls.

S’han donat moltes interpretacions diferents al les tres grans tesis de Gòrgies.
Entre elles trobem la defensa de les tesis eleàtiques, altres creuen que les seves
proposicions es refereixen únicament al ser absolut, no al ser real (Loenen), que és
simplement un escèptic radical, altres creuen que les seves tesis constitueixen una
memòria d’un determinat grup de sofistes (com Protàgores o Demòcrit), etcètera.

És possible que donat l’alta estima cap a la retòrica que tenia Gòrgies les seves
tesis, que poden semblar tan incoherents d’entrada, fossin simplement un mitjà per
demostrar que amb la bona argumentació, la seguretat i la coherència tot podia ser
defensat, per molt improbable que pogués semblar a priori. És el poder del llenguatge,
la persuasió del sofista.

Solveig Möller, novembre 2010

20 agosto, 2010

Reportaje a Slavoj Žižek

En la prestigiosa Feria del Libro de Frankfurt, en octubre de 2001, Zizek habló con Sabine Reul y Thomas Deichmann sobre subjetividad, multiculturalismo, sexo y falta de libertad luego del 11 de septiembre.




Pregunta: ¿Arrojó el 11 de septiembre nueva luz sobre su diagnóstico de lo que está ocurriendo en el mundo?

Slavoj Zizek: Una de las frases que oímos repetirse sin cesar en las últimas semanas es que nada volverá a ser igual luego del 11 de septiembre. Me pregunto si hay de verdad un cambio tan sustancial. Hay, por cierto, un cambio en el nivel de percepción o publicidad, pero no creo que podamos hablar todavía de una ruptura fundamental. Se confirmaron actitudes y miedos preexistentes, y ahora ocurrió realmente lo que los medios nos decían sobre el terrorismo.

En mi obra, pongo un fuerte énfasis en lo que usualmente se llama virtualización o digitalización de nuestro medio ambiente. Sabemos que el 60% de la gente en el planeta no ha hecho siquiera un llamado telefónico en toda su vida, pero hay un 30% de nosotros que vive en un universo digitalizado construido y manipulado artificialmente, que se distingue de modo creciente de los medios naturales o tradicionales. Parece como si en todos los niveles viviéramos cada vez más una vida desprovista de sustancia. Se consume cerveza sin alcohol, carne sin grasa, café sin cafeína, y eventualmente, sexo virtual... sin sexo.

La realidad virtual, para mí, representa el clímax de este proceso: hay ahora realidad sin realidad.. o una realidad absolutamente regulada. Pero hay otra faceta más. A lo largo de todo el siglo XX, veo una tendencia en sentido contrario, para la que mi buen amigo el filósofo Alain Badiou inventó un bello nombre: "la passion du réel", la pasión por lo real. Es decir, dado precisamente que el universo en que vivimos es un universo de convenciones muertas y artificialidad, la única real experiencia auténtica debe ser algo extremadamente violento, una experiencia desgarradora. Y lo sentimos de alguna manera como una vuelta a la vida real.

P: ¿Sería eso lo que estamos viendo ahora?

SZ: Creo que eso puede ser lo que ha definido al siglo XX, un siglo que comenzó en realidad con la Primera Guerra Mundial. Todos recordamos los escritos de Ernst Jünger, donde ensalza la experiencia del combate cara a cara y la define como la más auténtica. O en el nivel del sexo, el film arquetípico del siglo XX sería Ai No Corrida [El imperio de los sentidos], de Nagisa Oshima, donde la idea es que no se es verdaderamente radical si no se va hasta el fin en un encuentro sexual, si no se torturan el uno al otro hasta que no sobrevenga prácticamente la muerte. Debe hacer extrema violencia para que el encuentro sea auténtico.

Otra figura emblemática en este sentido sería el así llamado 'cutter', un fenómeno patológico muy difundido en los EEUU. Debe haber alrededor de dos millones de personas, en su mayoría mujeres, pero varones también, que se cortan con navajas. ¿Por qué? No tiene nada que ver con masoquismo o impulsos suicidas. Es simplemente que no sienten ser personas reales, de modo que la idea básica es que sólo a través del dolor y cuando se siente la tibieza de la sangre es posible volver a conectarse. Me parece que esta tensión es el trasfondo contra el que se puede apreciar el efecto de aquel acto de que hablamos

P: ¿Se relaciona esto con sus observaciones sobre la muerte de la subjetividad en The Ticklish Subject: The Absent Centre of Political Ontology? Allí dice Ud. que el problema es de lo que llama 'forclusión': la articulación del sujeto es forcluída por la evolución de la sociedad en los últimos años.

SZ: El punto de partida de mi libro sobre el sujeto es que, incluso si se encuentran en neta oposición unas respecto de la otras, casi todas las orientaciones filosóficas actuales concuerdan en una suerte de posición antisubjetivista básica. Por ejemplo, Jürgen Habermas y Jacques Derrida estarían ambos de acuerdo en que el sujeto cartesiano debe ser desconstruido, o, en el caso de Habermas, introducido en una dialéctica subjetiva más amplia. Cognitivistas, hegelianos... todos concuerdan en esto.

Siento la tentación de decir que debemos retornar al sujeto, aunque no a un sujeto puramente racional al modo cartesiano. Mi idea es que el sujeto es inherentemente político, en el sentido en que 'sujeto', para mí, denota una partícula de libertad, uno ya no hunde sus raíces en una sustancia firme cualquiera, sino que se encuentra en una situación abierta. No es posible hoy en día seguir aplicando simplemente las viejas reglas. Enfrentamos paradojas que no nos ofrecen salidas inmediatas. En este sentido, la subjetividad es política.

P: Pero este tipo de subjetividad política parece haber desaparecido. En sus libros habla Ud. de un mundo post-político.

SZ: Cuando digo que vivimos en un mundo post-político, me refiero a una impresión ideológica errónea. En realidad no vivimos en un mundo así, pero el universo existente se presenta como post-político en el sentido de que hay una suerte de pacto social básico según el cual ya no se percibe a las decisiones sociales elementales como decisiones políticas, y no se las discute como tales. Se han vuelto simples decisiones de gesto y de administración. Y los conflictos restantes son en su mayoría conflictos entre diferentes culturas. Tenemos la forma presente de capitalismo global, más algun tipo de democracia tolerante como el último exponente de esa idea. Y, paradójicamente, sólo muy pocos están preparados para cuestionar este mundo.

P: ¿Y qué hay de malo en eso?

SZ: Este mundo post-político parece conservar todavía la tensión entre lo que usualmente llamamos liberalismo tolerante y multiculturalismo. Para mí -y esto a pesar de que nunca me gustó Nietzsche- la vieja oposición nietzscheana entre nihilismo activo y pasivo es la definición que más se adapta a este estado de cosas. Nihilismo activo, en el sentido de no querer nada por sí mismo, es esta auto-destrucción activa que sería precisamente la pasión por lo real, la idea de que, para vivir completa y auténticamente, hay que comprometerse en la auto-destrucción. Por otro lado, está el nihilismo pasivo, lo que Nietzsche llama "el último hombre", que vive una vida estúpida y autocomplaciente, sin grandes pasiones.

El problema con un universo post-político es que tenemos estos dos aspectos enfrentados en una suerte de dialéctica mortal. Me parece que para romper el círculo vicioso hay que reinventar la subjetividad.

P: Dice Ud. también que las élites en nuestro mundo occidental están perdiendo los estribos. Que quieren abandonar viejos conceptos como humanismo o subjetividad. Contra eso, dice Ud. que es importante considerar todo lo que puede ser importante conservar de lo viejo.

SZ: Por supuesto, no estoy en contra de lo nuevo. De hecho, me siento casi tentado de repetir lo que decía Virginia Woolf. Creo que fue en 1914 que dijo que era como si la eterna naturaleza humana hubiera cambiado. Ser humano no significa ya lo mismo. No deberíamos, por ejemplo, subestimar el impacto social intersubjetivo del ciberespacio. Lo que estamos presenciando hoy es una redefinición radical de lo que significa el concepto de ser humano.

En internet, por ejemplo, se dan fenómenos extraños. Están los sitios llamados 'cam', donde la gente expone sus secretos más íntimos en el sentido más vulgar a un público anónimo. Hay sitios donde -incluso yo, con mis gustos decadentes, sufrí un golpe al enterarme de esto- la gente pone una cámara de video en el baño, de modo que se los pueda ver defecar. Es una situación totalmente nueva. No es privado, pero tampoco es público. No es el viejo gesto exhibicionista.

Comoquiera que sea, está ocurriendo algo radical, y hay una cierta cantidad de nuevos términos que se nos proponen para describirlo. El más comúnmente usado es 'cambio de paradigma', denotando que vivimos en una época de paradigmas cambiantes. Así, los cultores de la New Age nos dicen que no tenemos ya un individualismo cartesiano, mecanicista, sino una nueva mente universal. En sociología, los teóricos de la segunda modernidad dicen cosas similares. Y los teóricos del psicoanálisis dicen que ya no rige más el complejo de Edipo, sino que vivimos una era de perversión universalizada.

No creo que debamos aferrarnos a lo viejo, pero estas respuestas son erróneas y no registran verdaderamente el quiebre que está teniendo lugar. Si juzgamos lo que está ocurriendo hoy según los estándares de lo viejo, podemos advertir el abismo de lo nuevo que emerge.

Aquí me gustaría referirme a Pascal, cuyo problema también era la confrontación con la modernidad y la ciencia moderna. Su dificultad era que él quería seguir siendo un cristiano viejo y ortodoxo en esa era nueva, moderna. Es interesante que sus resultados sean mucho más radicales e interesantes para nosotros hoy que los resultados de superficiales filósofos liberales ingleses, que se limitaban simplemente a aceptar la modernidad.

Se advierte lo mismo en la historia del cine, si nos detenemos en la época en que aparece el sonoro. Bien, se podría decir, "¿cuál es el problema?". Adicionando el sonido a la imagen simplemente logramos una reproducción más realista de la realidad. Pero esto no es cierto en modo alguno. Es interesante que los directores que fueron más sensibles a lo que la introducción del sonido representaba realmente fueran generalmente los conservadores, los que lo miraban con excepticismo: Charlie Chaplin (hasta cierto punto), y Fritz Lang. El testamento del Dr. Mabuse, de Lang, presentaba de modo maravilloso esta dimensión espectral, fantasmal, de la voz, mostrando que la voz no es una simple cualidad secundaria de un cuerpo. Lo que no es más que otro ejemplo de cómo un conservador, como si estuviera temeroso del nuevo medio, tiene una comprensión mucho más profunda de su inquietante potencial de radicalidad.

Lo mismo se aplica hoy. Hay gente que dice: "¿Cuál es el problema? Zambullámonos en el mundo digital, en internet, o en lo que sea." No ven realmente lo que está ocurriendo.

P: ¿Por qué entonces la gente declara el inicio de una nueva era cada cinco minutos?

SZ: Precisamente, se trata de un intento desesperado para evitar el trauma de lo nuevo. Un profundo gesto conservador. Los verdaderos conservadores de hoy son los seguidores de los nuevos paradigmas. Tratan desesperadamente de evitar enfrentarse con lo que realmente cambia.

Déjenme volver a mi ejemplo. En El gran dictador, de Chaplin, se satiriza a Hitler con el personaje de Hinkel. La voz es percibida como algo obsceno. Hay una escena maravillosa en que Hinkel da un gran discurso compuesto sólo por palabras obscenas, sin sentido. Sólo cada tanto reconocemos alguna palabra vulgar alemana como 'Wienerschnitzel' o 'Kartoffelstrudel'. Se trataba de una genial intuición: de cómo la voz es una suerte de fantasma espectral. Esto se reveló a los conservadores que eran sensibles a la ruptura de lo nuevo.

De hecho, todos los grandes quiebres ocurrieron de esa manera. Nietzsche era, en este sentido, un conservador, y creo poder decir que también Marx lo era. Marx siempre subrayaba que podemos aprender más de los conservadores inteligentes que de los simples liberales. Hoy, más que nunca, debemos mantenernos en esta actitud. Cuando algo sorprende, golpea, no se puede simplemente aceptarlo. No está bien decir: "Bueno, listo, juguemos los juegos digitales." No deberíamos olvidar nuestra capacidad real de ser sorprendidos. Creo que el peligro mayor de estos tiempos es el de nada más dejarse llevar.

P: Volvamos a algunas de las cosas que nos han sorprendido últimamente. En un artículo reciente Ud. postula la idea de que los terroristas son un espejo de nuestra civilización. No están afuera, sino que reflejan nuestro mundo occidental. ¿Podría explicarse un poco más?

SZ: Se trata, por supuesto, de mi respuesta a la tesis popular de Samuel P. Huntington y otros, que hablan de algo así como un "choque de civilizaciones". No comparto esa tesis, y esto por una serie de razones.

El racismo actual es precisamente este racismo de la diferencia cultural. Ya no dice: "Soy más que tú." Dice: "Yo quiero mi cultura, tú puedes quedarte con la tuya." Hoy, todos los derechistas dicen eso. De hecho, pueden ser muy posmodernos. Reconocen que no hay una tradición natural, que toda cultura es un constructo artificial. En Francia, por ejemplo, tenemos a la derecha neo-fascista, que se refiere a los desconstruccionistas diciendo: "Bien, la lección del desconstruccionismo en contra del universalismo es que sólo hay identidades particulares. Así que, si los negros pueden tener su cultura, ¿por qué no podríamos nosotros tener la nuestra?"

Deberíamos también considerar la primera reacción de la "mayoría moral" norteamericana, específicamente Jerry Falwell y Pat Robertson, ante los ataques del 11 de septiembre. Pat Robertson es algo excéntrico, pero Jerry Falwell es una figura popular, que apoyó a Reagan y es parte del mainstream, no un tipo raro. Pues bien, su reacción fue la misma que la de los árabes, aunque se retractó unos días después. Falwell dijo que el ataque al World Trade Center era una señal de que Dios ya no protegía a los EEUU, porque los EEUU habían elegido un camino de maldad, homosexualidad y promiscuidad.

De acuerdo al FBI, hay en la actualidad al menos dos millones de derechistas de la así llamada ala radical en los EEUU. Algunos son muy violentos, matan a médicos que hace abortos, por no mencionar el atentado de Oklahoma. Esto, para mí, muestra que la misma actitud violenta, anti-liberal, florece en nuestra propia civilización. Lo veo como una prueba de que el terrorismo es un aspecto de nuestro tiempo: no podemos ligarlo con una civilización particular.

Respecto del Islam, deberíamos leer historia. De hecho, me parece que es muy interesante volver la vista hacia la ex-Yugoslavia. ¿Por qué Sarajevo y Bosnia fueron el centro de un violento conflicto? Porque era la república étnicamente más heterogénea de la ex-Yugoslavia. ¿Por qué? Porque fue dominada más tiempo por los musulmanes, y éstos fueron históricamente los más tolerantes, sin ninguna duda. Nosotros los eslovenos, y los croatas, ambos católicos, los echamos hace varios siglos.

Esto prueba que no hay nada inherentemente intolerante en el Islam. Debemos preguntarnos más bien por qué este aspecto terrorista del Islam surge precisamente hoy. La tensión entre tolerancia y violencia fundamentalista se halla en el interior de una civilización.

Otro ejemplo: en la CNN vemos al presidente Bush leyendo la carta de una niña de siete años, hija de un piloto que ahora vuela sobre Afganistán. En la carta dice que ella quiere a su padre, pero que si su país necesita que muera, ella está dispuesta a perderlo en aras de su país. El presidente Bush describió esto como patriotismo americano. Ahora bien, hagamos un simple ejercicio mental: imaginemos una niña afgana diciendo eso. Diríamos de inmediato: "¡Qué cinismo, que fundamentalismo, qué manipulación infantil!" De modo que ya hay algo en nuestra percepción. Pero lo que nos ofende de otros, también nosotros lo hacemos en cierta manera.
P: ¿Multiculturalismo y fundamentalismo pueden entonces ser las dos caras de una misma moneda?

SZ: No hay nada que decir en contra de la tolerancia. Pero cuando se "compra" esta tolerancia multiculturalista, otras cosas vienen con ella. ¿No es sintomático que el multiculturalismo eclosione precisamente en el mismo momento histórico en que desaparecen del espacio político los últimos rastros de la clase obrera? Para muchos antiguos izquierdistas, este multiculturalismo es una especie de sucedáneo de la política obrera. Ni siquiera sabemos si existe ya la clase obrera, para no hablar de la explotación de unos por otros.

Quizás no tenga nada de malo. Pero está el peligro de que aspectos de la explotación económica se conviertan en problemas de tolerancia cultural. Y ahí sólo se requiere un paso ulterior, el que da Julia Kristeva en su ensayo «Etrangers à nous mêmes», al decir que no podemos tolerar a los otros porque no podemos tolerar la otredad en nosotros mismos. Eso es lo que yo llamo un craso reduccionismo cultural pseudo-psicoanalítico.

¿No es a la vez triste y trágico que el único movimiento político relativamente fuerte, no marginal, que todavía dialoga con la clase trabajadora esté conformado por populistas de derecha? Son los únicos. Jean-Marie Le Pen en Francia, por ejemplo. Me perturbó verlo hace tres años en un congreso del Front National. Hizo subir al podio a un negro francés, a un argelino y a un judío, los abrazó y dijo: "No son menos franceses que yo. Mi único enemigo son las empresas internacionales cosmopolitas que descuidan los intereses de Francia." Es el precio que pagamos: sólo la derecha habla todavía de explotación económica.

La otra cosa que me parece mal de la tolerancia multiculturalista es su habitual hipocresía, en el sentido de que el otro al que toleran es ya un otro reducido. Lo otro está bien siempre y cuando se trate solamente de una cuestión de alimento, cultura, danzas. ¿Y la extirpación del clítoris? Tengo amigos que dicen: "Debemos respetar a los Indios." Perfecto, pero ¿qué hay de esa antigua costumbre india según la cual, cuando un hombre muere hay que quemar a su esposa con él? ¿Respetamos eso? Aquí surgen los problemas.

Un problema aun más importante es que dicha noción de tolerancia enmascara efectivamente a su opuesto, la intolerancia. Es un tema recurrente en mis libros el hecho de que, desde esta perspectiva liberal, la percepción básica de otro ser humano es siempre como la de algo que puede de algún modo dañarnos.

P: ¿Se refiere a lo que llamamos cultura de la víctima?

SZ: El discurso de la victimización es hoy casi el discurso dominante. Se puede ser víctima del medio ambiente, del cigarrillo, del acoso sexual. Encuentro algo triste esta reducción del sujeto a víctima: funciona aquí una noción extremadamente narcisista de la personalidad, y que es, de hecho, intolerante, en la medida en que implica que no podemos ya tolerar encuentros violentos con otros... y esos encuentros siempre son violentos.

Detengámonos por un instante en el acoso sexual. Me opongo, por supuesto, a él, pero seamos francos. Imaginemos que sufro un impulso pasional, me he enamorado de otro ser humano, y declaro mi amor, mi pasión, por él o ella. Siempre hay en esto algo perturbador, violento. Puede parecer una broma, pero no hay nada de ello: no se puede emprender un juego de seducción erótica de modo políticamente correcto. Hay un momento de violencia; cuando se dice: "Te quiero, te amo." De ningún modo es posible eludir este aspecto violento. Creo que este temor al acoso sexual incluye a este aspecto, el temor de un encuentro demasiado abierto, demasiado violento, con otro ser humano.

Otra cosa que me molesta en el multiculturalismo es cuando me preguntan: "¿Cómo puede estar tan seguro de no ser un racista?" Mi respuesta es que hay una sola manera: cuando se puede intercambiar insultos, bromas brutales, chistes sucios, con un miembro de una raza diferente, y ambos sabemos que no hay detrás una intención racista. Si, por el contrario, jugamos el juego políticamente correcto, "Oh, cómo te respeto, qué interesantes son tus costumbres...", es racismo invertido, y es repugnante.

El ejército yugoslavo era una mezcla de nacionalidades... ¿Cómo nos hacíamos amigos con los albanos? Cuando empezábamos a intercambiar obscenidades, insinuaciones sexuales, chistes. Esta es la razón por la que el respeto políticamente correcto no es más que -para decirlo en las palabras de Freud- 'zielgehemmt' [de meta inhibida]. Todavía persiste la agresión hacia el otro.

Creo que hay una piedra de toque del verdadero amor: se puede insultar al otro. Como en esa horrible comedia alemana, un film de 1943 en que Marika Röck trata a su prometido de un modo brutal. Este novio es una persona rica e importante, y el padre de ella le pregunta por qué lo trata así. Ella responde: "Es que lo amo, puedo hacer con él lo que quiera." Así son las cosas. Si hay verdadero amor se pueden decir cosas horribles, y no pasa nada.

Cuando el multiculturalismo nos pide respeto por los otros, no puedo evitar pensar que esto se acerca peligrosamente al modo en que tratamos a nuestros hijos: la idea de que deberíamos respetarlos, aun cuando sepamos que aquello en lo que creen no es cierto. "No deberíamos destruir sus ilusiones." No, creo que no se merecen que los tratemos como niños.

P: En su libro sobre el sujeto, habla Ud. de un "verdadero universalismo", que se opondría a este falso sentido de armonía global. ¿A qué se refería con eso?

SZ: Aquí tengo que hacerme una simple pregunta habermasiana: ¿cómo podemos fundar la universalidad en nuestra experiencia? Naturalmente, no acepto este juego posmoderno según el cual todos vivimos en una suerte de universo particular nuestro. Creo que hay una universalidad. Pero no creo en una universalidad a priori de reglas fundamentales o nociones universales. La única verdadera universalidad a la que tenemos acceso es la universalidad política, que no equivale a cierto sentido idealista abstracto, sino a una solidaridad en la lucha.

Si estamos comprometidos en la misma lucha, si descubrimos que -y éste para mí es el auténtico momento de solidaridad- feministas y ecologistas, o feministas y obreros, todos tenemos de repente esta misma revelación: "Oh Dios, ¡pero si nuestra lucha era en última instancia la misma!" Esta universalidad política sería la única auténtica universalidad. Y esto, claro, es lo que falta hoy, porque hoy la política no es más que una mera negociación de compromisos entre diferentes posiciones.

P: ¿Lo post-político subvierte la libertad de la que se ha venido hablando tanto en las últimas semanas? ¿Es eso lo que quiere decir?

SZ: Lo que digo es que lo que nos venden hoy como libertad es algo de lo que se ha vaciado esta más radical dimensión de libertad y democracia. En otras palabras, la creencia de que las decisiones básicas respecto del desarrollo social se discuten o son zanjadas involucrando a la mayor cantidad de gente posible, una mayoría. En este sentido, no tenemos hoy una experiencia real de libertad. Nuestras libertades se reducen crecientemente a la libertad de elegir nuestro estilo de vida. Hasta cierto punto se puede elegir incluso la identidad étnica.

Pero este nuevo mundo de libertad descripto por gente como Ulrich Beck, que dice que todo es asunto de negociación reflexiva, de elección, puede incluir nueva no-libertad. Mi ejemplo favorito es éste (y aquí tenemos ideología en estado químicamente puro): sabemos que es hoy muy difícil, en cada vez más dominios profesionales, obtener un trabajo duradero. Académicos o periodistas, por ejemplo, firman contratos de dos o tres años, que luego deben renegociar. Por supuesto, la mayoría de nosotros siente esto como algo traumático, perturbador, con lo que nunca se puede estar seguro. Pero entonces viene el ideólogo posmoderno: "Bueno, pero ésta es tu nueva libertad... ¡Puedes reinventarte cada dos años!"

El problema para mí, es el modo en que se oculta la falta de libertad, se la enmascara precisamente en aquello que se nos presenta como libertades nuevas. Me parece que la explosión de estas nuevas libertades, que caen en el dominio de lo que Michel Foucault llamó el "cuidado de sí", implica mayor falta de libertad social.

Veinte o treinta años atrás, todavía estaba la discusión de si el futuro sería fascista, socialista, comunista o capitalista. Hoy nadie siquiera se molesta en discutirlo. Estas elecciones sociales fundamentales ya no son percibidas como materia de decisión. Un cierto dominio de cuestiones radicalmente sociales fue simplemente despolitizado.

Me parece muy triste que, precisamente en una época en que tienen lugar cambios enormes, y en que de hecho se transforman profundamente las coordenadas sociales, no sintamos que esto es algo sobre lo que podemos decidir libremente.


15 enero, 2010

¿Qué significa orientarse en el pensamiento? Kant

En referencia al texto ¿Qué significa orientarse en el pensamiento?, de Immanuel Kant.


Un Dios racional

Los seres humanos nos caracterizamos por tener, entre otras cosas, pensamiento, capacidad de pensar. Para orientarnos en este pensamiento nos basamos en lo que Immanuel Kant llama “la sana razón”, la razón pura. Debemos seguir un proceso para comprender el mundo. A partir del entendimiento, relacionamos los conceptos con objetos sensibles.

Como humanos somos seres finitos y existen unos límites en la razón humana, un punto de inflexión hasta el cual puede llegar nuestra capacidad de razonamiento como seres limitados. Es a partir de ese punto de inflexión que la experiencia no tiene valor alguno, ni los sentidos, ni la memoria, ni la ciencia, ni la misma razón especulativa. Ese algo que nos queda y nos empuja es plenamente subjetivo. Pero una vez llegamos a alcanzar la idea de todo lo suprasensible, no se debe caer en la exaltación, el delirio: la razón queda satisfecha, pero nace dentro de nosotros una curiosidad que debemos reconocer como tal que pretende demostrar la existencia de lo suprasensible. Hay que suponer la existencia de un ser supremo porque nos es necesario, ya que por nosotros mismos como finitos tenemos la necesidad de creer en lo infinito, que llegue ahí donde no llegamos nosotros.

Para apoyar su teoría, Kant nos expone la siguiente suposición: en el caso de que Dios se nos presentara físicamente rompería con las leyes de la naturaleza, pero suponiendo que pasara, hay que verificar, estar seguros de que es Dios. Pero no con las posibles similitudes entre tal aparición y la idea de Dios, sino que con sus contradicciones: nos daremos cuenta de que existe el hecho de que en nuestra idea de Dios es, por definición, infinito. Representándose perdería tal característica. No será Dios, será otra cosa. Dios no se puede tener como intuición sensible.

El uso de la razón

La razón se nos puede exigir según dos aspectos: el teórico y el práctico. El teórico es aquel que incluye los conceptos que no nos son vitales para nuestra felicidad, y que podemos elegir si juzgar o no. Si elegimos juzgar hay que tener presente que habrá que recurrir a la existencia de Dios. Luego se nos presenta el uso práctico, el cual no podemos ignorar: consiste en la preocupación de las leyes morales. Y la moralidad nos conduce hacia la felicidad. Existe una realidad objetiva como bien supremo.

Toda creencia es insuficiente. La creencia y el saber son opuestos. Si tenemos una creencia basada en hechos objetivos, a lo que se denominará opinión, puede convertirse en saber, completándola gradualmente con razones de peso de la misma naturaleza. La razón pone un límite a la creencia.

La razón pura, como medio subjetivo, debería tener muy presente las cosas que no sabemos, es decir, guiarnos por lo que no sabemos y no por lo que sabemos, ya que en la ignorancia no hay contradicción. Pero cuando no depende de nosotros juzgar o no, es necesario tener unas máximas que no sean contradictorias.

¿Qué es la razón? ¿Cómo orientarnos?

Kant invade el texto de metáforas para explicarnos la subjetividad de la razón. Es algo que proviene de uno mismo y no de los objetos. Define la razón pura como libertad. La razón humana es la libertad. La libertad de pensamiento permite que éste encuentre su límite y por tanto su propio orden, más que si te lo imponen o cohesiona la razón. Cuando se piensa hay un orden, tiene que haberlo. Es por ello que también dice el filósofo que no hay que dejarse llevar y caer en el delirio. Cierto es que será mejor llevar un mal orden que no llevarlo, pero únicamente con el bueno se puede llegar a la libertad, a la razón pura.

Usar el entendimiento y la razón pura significa entonces lo que comúnmente llamamos usar la cabeza, hasta donde nos permita nuestra humanidad limitada en tiempo, espacio y pensamiento. Aunque nos apagaran todas las luces, aunque estuviéramos perdidos, siempre nos quedará nuestra izquierda y derecha, dice Kant. Siempre habrá algo en nosotros que seguir, pero de manera ordenada y no intentando complicarlo saciando nuestra curiosidad (que por otra parte, es insaciable), demostrando la existencia de lo suprasensible.



Solveig Möller, diciembre 2009



14 enero, 2010

Los desastres de la guerra, Goya.


Obra: ¡Duro es el paso!
Autor: Francisco de Goya (1746-1828)
Aiguafort, aiguatinta brunyida, punta seca, 143x168mm.
De la serie de gravats "Los desastres de la Guerra" (1810-1815)
(En referència a la Guerra de la Independència Espanyola)

Immanuel Kant (1724-1804) ens parla de la comunicació com a lloc filosòfic privilegiat, entenent com a comunicació “allò que es posa en comú”, construint comunitat. És doncs el que fa Francisco de Goya amb la seva sèrie de gravats “Los desastres de la Guerra”. Utilitza l’art com a mètode de comunicació, com a lloc del pensament, transmetent a tot aquell que visualitzi l’obra un concepte, una opinió, una crítica, una reflexió; ens porta a considerar una nova manera de veure l’art.

Segons el filòsof, allò que ens fa humans consisteix en el sentiment i la comunicació. Reivindica el lloc de l’individu des de la qüestió de la particularitat, situant-se en la incertesa, l’angoixa i la paciència. Deia Kant que volia ser un Copèrnic de la filosofia, i probablement podem considerar a Goya un en el camp de la pintura, de l’art. Front de la visió clàssica de la guerra heroica tan usual fins aleshores, Goya plasma la visió de la mort, la destrucció, tanmateix com la por real, no una por cap a les coses abstractes; por a la mort, la gana, la malaltia... És important tenir present que no pretén ser pessimista ni donar-nos una visió obscura i dolenta del món, sinó que simplement representa tot tal qual és –i tenint present que es tractava d’una època de guerra (Guerra de la Independència Espanyola, 1808), és normal que es tractin doncs d’imatges de tal caràcter-, implicant com a víctimes tot tipus d’individus, de qualsevol condició i classe.

En aquest gravat en concret es pot destacar la idea kantiana de la importància del subjecte vulnerable. Els homes que recullen el cos sense vida són febles, fins i tot amb un punt d’amorf i lletjor que provoca més angoixa a l’espectador. L’aparició de la mort a l’obra ens recorda la limitació del subjecte, del pensament, del temps. El terme límit apareix constantment en les obres del filòsof, basant el seu pensament en que la raó humana és limitada. El subjecte és limitat, cal conèixer les nostres possibilitats per saber fins a on pot arribar la nostra raó; l’espai i el temps són necessaris com a coordenades per a conèixer el món. Ens fa pensar en que precisament la limitació es allò que ens fa possible ésser humans. Si hi ha quelcom que és rellevant a la obra és la gran humanitat que hi representa, l’home en el seu estat més dèbil i feble, més trist. Cadascun dels personatges del gravat prenen importància i tenen el seu paper, sobretot aquells als que se’ls hi veu el rostre, que expressa mitjançant duríssimes faccions la dura situació en que es troben. 

El poder crític s’aplica també en ambdós casos. A través de l’art de Goya pren distància, i molt vinculat al terme de la reflexió,  critica allò que veu i viu, allò real. Tant l’art com la filosofia poden ser i són activitats crítiques, matisen, revisen. És una activitat mundana, miren el món, creen xarxes. Goya és molt reconegut degut a la nova manera en que empra l’art, fent un reportatge modern sobre les desgràcies dels esdeveniments de la seva època. És on també destaca un cert caràcter gnoseològic, ja que malgrat que és important què diu (parlar de la guerra), pren gran rellevància el com ho diu (a traves d’un gravat de fàcil difusió, la manera en que dibuixa les figures, etc.). Dóna prioritat a com coneixem la realitat i el fet de ser estampes provoca una atemporalitat tal que pràcticament podria ser contemporani a  qualsevol moment de la historia.


Solveig Möller, 2009.

23 noviembre, 2009

Investigació sobre l'enteniment humà, David Hume.

Cites rere la lectura:

"Sigues filòsof..., però continua essent un home."

"El pensament més viu és inferior a la sensació més esmorteïda."

"I fins i tot en les nostres fantasies més salvatges i vagarívoles, fins i tot en els nostres veritables somnis, trobarem, si hi rumiem, que la imaginació no ha corregut completament cap a l'aventura sinó que encara hi ha una conexió ben protegida entre les diferents idees que s'han anat succeint."

"Tot el que és comprensible i pot ésser concebut clarament no implica cap contradicció, i mai no pot ésser provat com a fals per cap argument demostratiu o raonament abstracte a priori."

"No hi ha res que s'assembli tant com els ous, però ningú, a causa d'aquesta similitut aparent, espera que tots ells tinguin el mateix gust i sabor."

"Tan sols després d'un bon seguit d'experiments parells d'alguna manera, aconseguirem una confiança i una seguretat fermes respecte a un fet particular."

"No puc trobar, no puc imaginar un argument tal. Pe`ro mantinc la meva ment amatent a l'ensenyança, si algú condescendeix a donar-me-la."

"Totes les inferències fetes a partir de l'experiència són efectes del costum i no pas del raonament."

"Naturalesa de l'atzar: convertir en totalment iguals tots els esdeveniments que conté."











David Hume

10 noviembre, 2009

Què vol dir orientar-se en el pensament?


"Gràcies al sentiment d'aquesta diferència entre els meus dos costats, el dret i l'esquerre, podria orientar-me ràpidament. Això és exactament el que passa, quan haig de caminar de nit i girar a les cantonades pels carrers que Conec, però en els quals ja no distingeixo cap casa."

Inmanuel Kant,  Què vol dir orientar-se en el pensament?
1786

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