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14 julio, 2014

Caballo blanco no es caballo

- "¿Un caballo blanco no es un caballo" es lógicamente admisible?
- Sí.
- ¿De qué manera?
- "Caballo" es lo que nos permite nombrar la forma, "blanco" es lo que nos permite nombrar el color. Nombrar el color no es nombrar la forma. Por eso digo: "Caballo blanco no es caballo". (...)
- Objeción: Consideráis que un caballo que tiene un color no es un caballo. Sin embargo, en el universo entero no hay caballos sin color. ¿Puede admitirse que no haya caballos en el universo?
- Respuesta: Ciertamente, los caballos tienen color, por eso hay caballos blancos. Suponiendo que los caballos no tuvieran color y que sólo hubiera caballos a secas, ¿cómo se distinguiría un caballo blanco? Así, el blanco no es el caballo. "Caballo blanco" es la combinación de "caballo" y de "blanco". Por eso digo: "Caballo blanco no es caballo".

Cheng, A. 2002. Historia del pensamiento chino. 
Capítulo V: Discurso y lógica en los Reinos Combatientes.
Barcelona: Edicions Bellaterra. Pg 134.

15 junio, 2014

Lo que uno anhela

Cuando la buena fortuna favorece a los hombres con riquezas y honores, su vida se torna abundante. Pero la vida abundante les vuelve arrogantes, y su arrogancia les induce a cometer delitos y a no actuar conforme a la lógica de las cosas, delitos que traen consigo penas capitales y abandono de la lógica de las cosas que les lleva a errar en la vida. Y puesto que a esto, es decir, a padecer la calamidad de una vida carente de buena fama y de una muerte violenta, es a lo que Lao Zi llama desgracia, se sigue que la felicidad es el origen de las desgracias. De ahí su frase: "la desgracia en la felicidad se esconde".

Nada hay inalcanzable para quien actúa conforme a la lógica de las cosas. Si nada hay inalcanzable, tan alcanzable será para quienes actúen conforme a la lógica de las cosas el respeto y el poder de los monarcas como el sueldo y la gloria de grandes generales, como Qing y Xiang. Pero de nada les serviría ser tan poderosos como un monarca ni ser tan respetados como un gobernador a quienes actúan a ciegas y en disconformidad con la lógica de las cosas; éstos no solo jamás conseguirán grandes riquezas, como las que poseen algunos magos como Yi Dun y Tao Zhu, sino que también perderán el apoyo del pueblo y sus bienes. ¿Por qué, entonces, es precisamente esto lo que hace el pueblo llano?, ¿por qué abandona tan fácilmente la lógica de las cosas y actúa a ciegas? Porque desconoce que las razones de la intermutabilidad de la felicidad y la desgracia son tan profundas y ocultas como acabamos de ver. A esto se refiere Lao Zi cuando se pregunta así acerca de dicha intermutabilidad de la desgracia y la felicidad: "¿quién conoce el porqué?".

No hay quien no anhele vivir una vida larga, repleta de riquezas y de honra, y morir en paz: igualmente, no hay quien no aborrezca las desgracias de ser pobre, de estar deshonrado y de tener una muerte violenta. ¿Por qué, pues, hay quienes, anhelando tener una vida larga, repleta de riquezas y honra, y una muerte natural, son pobres, están deshonrados y tienen muertes violentas? Porque son incapaces de conseguir lo que anhelan. A los que, alejados del camino que en verdad desean seguir, van confusamente, se les llama extraviados en el libro de Lao Zi. Puesto que estar extraviado significa no poder arribar donde se desea arribar ni conseguir lo que se anhela, y puesto que el pueblo llano de hoy es incapaz de arribar donde desea arribar, se puede decir de él que está extraviado. Pero esta incapacidad suya para arribar donde anhela arribar es algo que viene ocurriendo desde que hay Cielo y Tierra; de ahí que Lao Zi afirme: "la confusión en que el hombre vive es muy antigua".


Han, Fei Zi. El arte de la política: los hombres y la ley.
Capítulo 20: Interpretación de Lao Zi, 68-69
Trans. Ning Yao and Gabriel García-Noblejas Sánchez-Cendal
Madrid: Tecnos, 1998.

14 junio, 2014

En placentera libertad

Un corto entendimiento no se puede comparar con un gran entendimiento, ni un ser de corta vida con otro de prolongada existencia. ¿Cómo sabemos que es así? Un insecto que nace por la mañana y ya esa misma tarde muere, no sabe  lo que es la luna; la cigarra que no vive más de dos estaciones, ignora lo que es un año; son dos ejemplos de corta vida. Al sur de Chu vive una tortuga prodigiosa para la que quinientos años son una primavera, y quinientos años un otoño; y aún más, que en la remota antigüedad había una gran cedrela para la que ocho mil años era una primavera, y otros tantos un otoño. He ahí dos ejemplos de prolongada existencia.


Zhuang, Zi. 
Maestro Chuang Tsé. 
Libro I. En placentera libertad.
Trans. Iñaki Preciado. 
Barcelona: Kairós, 1996. 

29 septiembre, 2013

Prólogo a la traducción china de Evolution, Ethics and Other Essays, de T.H. Huxley.

La traducción comporta tres dificultades: la de ser fiel (xin) al texto original, la de ser comprensible (da) para el lector, y la de estar redactada en los términos retóricos más adecuados (ya). Lograr la fidelidad es ya, de por sí, bastante difícil; pero una traducción fiel que no sea comprensible no es tal traducción, pues carece del requisito imprescindible de la comprensibilidad.

Desde que China ha abierto sus puertas al exterior, afloran por todas partes personas dotadas de talento para la traducción; pero si leemos sus traducciones, comprobamos que son pocas las fieles y comprensibles al mismo tiempo. El mal radica, posiblemente, en la lectura superficial del original, en su interpretación sesgada y en la falta de análisis. [...] Para lograr una traducción completa, el traductor debe comenzar a traducir una vez que haya logrado fundir en su alma el espíritu y la razón natural del original.

[...] El Libro de los Cambios dice: "el varón virtuoso cultiva sus palabras en el cimiento de la verdad". Confucio dice: "La palabra sólo sirve para ser entendida". Y añade: "La palabra sin ornamento retórico no llega lejos". Las tres máximas deben ser guía de toda composición y también norma de toda traducción. Para que la palabra llegue lejos, el traductor no debe limitarse a la fidelidad y la comprensibilidad: también debe buscar la retoricidad.

Yan  Fu
(Traducción de Laureano Ramírez)

28 septiembre, 2013

Lágrimas

Nace  un niño y lo primero que hace es echarse a llorar. Muere un anciano y los que le rodeaban, se echan a llorar. Lágrimas. Lágrimas al principio, lágrimas al final. Y de unas a otras, entre tanto, puede sopesarse la calidad humana del que llora según qué lágrimas vierta, pues las lágrimas son manifestación del ser interior de quien llora. El tipo de lágrimas declara qué tipo de persona es el que llora. Nada tienen éstas que ver con lo adverso o lo favorable de los sucesos que sobrevienen en la vida.

Los caballos y los bueyes sufren año tras año, comen mal año tras año, sienten la vara que azota año tras año: eso sí que es una vida sufrida; sin embargo, no saben llorar. Y no saben llorar porque no tienen calidad interior. Pero los orangutanes, esos seres que saltan de rama en rama en los bosques comiendo castañas y peras, llevan una vida placentera, mas aúllan y chillan: esos chillidos son las lágrimas del orangután. Los zoólogos sostienen que la naturaleza animal más cercana a la humana se halla precisamente en los orangutanes, que son los animales con más calidad humana interior. No en vano decía aquel poema antiguo:
La quebrada de la Chamana
es la más larga de las tres de Badong.
Allí, cuando un orangután da tres aullidos
se le encoge al hombre el corazón.
Los sentimientos son fruto de la naturaleza interior y las lágrimas son fruto de los sentimientos. Hay dos tipos de lágrimas: las que se lloran con fuerza y las que se lloran sin fuerza. Las lágrimas sin fuerza son las que derrama una boba que pierde una horquilla o un niño que pierde una manzana. Las lágrimas con fuerza son las que lloró la esposa de Qi, que echaron abajo las murallas, o las que derramaron las concubinas de Xiang, que pusieron blanco el bambú en que caían. 

Por su parte, las lágrimas que se derraman con fuerza se subdividen en dos: aquellas que se lloran con fuerza decreciente y aquellas que se lloran con fuerza creciente, que son las que salen de lo más hondo.

[...] Y uno que ha venido a nacer en este tiempo y siente algo por esta vida, por este país, por esta sociedad y por estas creencias actuales, no puede dejar de llorar. Cuanto más se siente, más se llora. De ahí que Liu E haya compuesto Los viajes del buen doctor Can.

Se acaba la partida de ajedrez. Uno envejeze. ¿Podría no llorar? Sé, por lo demás, que a este llanto mío se aunarán miles de entristecidos compatriotas, millones de personas de la tierra.
Quien esto escribe.


Liu E, Los viajes del buen doctor Can
Prólogo del autor.

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